Aquí es donde el mundo se sienta a esperar
a que acuda alguna vez la ternura
y no solo el perseverante paso del tiempo.
Aquí llega la soledad
con su cargamento de deseo
y su espesura de silencios.
Aquí, inadvertido, nos rodea el viento,
nos aturde el miedo,
nos sofocan con su abrazo
los últimos rastros del amor,
y de cuando en cuando se posa un jilguero
que está de paso.

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