Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

lunes, 5 de agosto de 2013

Código del Poeta


Un poeta tiene la obligación de hacer trabajar a su mujer y dejar que se muera de hambre su anciana madre.

Un poeta debe pedirle plata a su sobrino para irse a beber con los amigos en la tarde y descubrir desde los espejos los ojos verdes de los ciegos.

Un poeta jamás debe permitir que el cura le enseñe moralejas a sus hijos, ni religión a sus canarios ni persignarse a sus ahijados entre los geranios de la noche.

Un poeta debe cantar siempre en los caminos de la tarde y recordar con los fruteros de la esquina a los boxeadores olvidados (como gallinitas ciegas) en los bares.

Un poeta debe hacer de su casa el segundo bar, y del bar su segunda casa.

Un poeta debe tener amistad con los gitanos para que le adivinen el destino de su vida, para que jamás las cóleras del cielo se desaten en su tumba y para que en verano las luciérnagas lo salven de las garras oscuras de la muerte.

Un poeta debe tener cuenta abierta en todas las tabernas y jamás permitir que los banqueros desconfíen de su suerte.
  
Un poeta debe exigir a sus hijos que sean futbolistas o cantantes de tango en Europa para que ayuden a sobrevivir a su minusválida familia.

Un poeta, cuando entra a los burdeles, no debe permitir que le transmitan los microbios de la pena ni los bichos del fracaso, para que pueda bailar alegremente con la hermosa caballada.

Un poeta debe ser siempre el rey de las tabernas, el príncipe de la palabra y el amor juvenil de las sirenas.

Un poeta jamás debe llorar cuando una muchacha de ojos de ámbar lo abandona en el silencio de los puentes o en los callejones sombríos de los muelles.

Un poeta debe soñar todas las noches con su amante y fusilar a los enemigos cuando le roban la memoria o el paisaje de los cantos.

Un poeta debe morir sólo después de haber tomado la última cerveza en la mañana o después de haber fundado estrellas y canciones con los niños en la lluvia.

 
Jorge Teillier y Juan Cristóbal 
"La isla del tesoro"

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