Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

sábado, 31 de agosto de 2013

La rosa de los vientos

Regreso de los bosques, enfermo de nostalgia, mientras al norte se mueren los poetas inmortales. Al sur una anciana se pregunta cuándo volverá a caminar. Al este, en el arcén de la autovia, vislumbro a un gaitero vestido de ciclista. Y la música que intuyo me lleva de nuevo, por momentos, a las umbrías silenciosas del oeste.  

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Esta mañana desde una autopista cubierta de rocío
vi un nuevo campo de internados:
una bomba había dejado un cráter de arcilla fresca
en el arcén, y al otro lado, entre los árboles,

los puestos de ametralladoras perfilaban una auténtica empalizada.
Había esa neblina blanca de las zonas bajas
y era algo déjá-vù, como una película
de Stalag 17, un mal sueño sin sonido.

¿Hay una vida antes de la muerte? Es lo que está pintado
en Ballymurphy. La aptitud para el dolor,
las coherentes miserias, un bocado y un sorbo,
abrazamos nuestro pequeño destino una vez más.


                                                          Seamus Heaney

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