Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

miércoles, 14 de agosto de 2013

Paisaje



Desembocadura del Pas.

Cuatro zarapitos volando y cuatro entre las rocas. Pero ni rastro del Martín. A veces en lo alto de la pared del molino una gaviota o un ratonero. A lo lejos, a la orilla del mar o entre las dunas, pasean especímenes humanos a los que les faltan sus ropajes de invierno. También navegan en canoa por aguas conocidas. Mayo, con su canina indiferencia, se baña sin perderme de vista.
Sol dice que ya están llegando las collalbas.

martes, 13 de agosto de 2013

Librería 43

Cuzco (Perú)

lunes, 12 de agosto de 2013

Como una bandera

No sé en otros lugares, pero en mi tierra un bardal, además de un matorral, es el apelativo, tirando a bondadoso, que se aplica a lugar (o persona) que está (o es) descuidado, desordenado y sucio.
Ejemplos de bardales he conocido unos cuantos (empezando por uno mismo), y a veces una característica como ésta se llevaba muy a gala (a pesar de los pesares). Es decir, como una bandera.
No voy a ser yo, a estas alturas, el que haga de abogado del diablo, porque además he de reconocer que ser un bardal es bastante incómodo, cosa que he experimentado en unas cuantas ocasiones en la vida cotidiana y en el mantenimiento de la mochila (juro que la condenada parecía tener vida propia) a lo largo de viajes y excursiones de montaña.
La prenda que aparece en la fotografía no me pertenece, pero la vi partir una semana atrás, nuevecita, dentro de un equipaje hacia un campamento de verano, y también he sido testigo de su regreso, un tanto perjudicada.
Las nuevas generaciones (y no estoy hablando de cachorros políticos) siguen prometiendo.
Eso sí, el campamento, a la vista está, estupendo.  

sábado, 10 de agosto de 2013

Sueño que me duermo

                                                                                                                                               Djenné. Malí

Dormir. Dormir, el sueño de los justos.
Dormir, aunque se caigan las nubes de cielo. 
Dormir al lado de la bella durmiente.
Dormir y que ningún príncipe me despierte.
Dormir en brazos de Morfeo.
Dormir como un oso.
Aletargarme dulcemente
hasta que pase el duro invierno.

jueves, 8 de agosto de 2013

Rojos

Me fui a ver Rojos a La Vorágine.
Al salir, como no, los testimonios que incluía el documental me habían impresionado. 
Pero de camino a casa pensé en el transcurso del tiempo y en el dolor que jamás se transforma.
También pensé en el estruendo, hoy, de los cuatro tiros de gracia que necesitó un asesino hace 70 años para matar a un hombre.
 
La web de Rojos: http://www.rojos-20.es

martes, 6 de agosto de 2013

La Reina Isabel...

Desde el interior de los boliches esquinados a lo largo de la avenida, estentóreos de música ranchera y "cumbias del oeste", los sublimes beodos nuestros de cada día detienen por un momento la zalagarda de sus oratorias solemnes para obsequiarla con grandilocuentes besos al aire y obscenos requiebros de cama. Impúdicas lisonjas del color del vino que vienen a estrellarse cual inofensivas pajaritas de papel, contra el escudo radiante de su sonrisa desdeñosa.
En esos momentos ella es la dueña absoluta de la arteria, la madama inexorable del campamento, la soberana taimada de esas pampas epopéyicas. El mundo entero se mueve al compás de sus nalgas espléndidas, al balanceo grave de su andar de paquiderma.
Los rayos de sol atacameño empalidecen en su encendida melena de cobre, aún perlada de las diamantinas gotitas de su reciente ducha; la tercera de las catorce duchas diarias con que esta sagrada hipopótama blanca refocila y purifica su humanidad tremenda.[...]
Pero ahí va, fresca, limpia, magnífica destellante como un iceberg. Perfumada enteramente de pies a cabeza. [...]  Y porque toda ella es una gran vulva palpitante en permanente estado de celo, hay que ser animal de alforjas bien puestas para acudir a su llamado. Para esta epitalámica hembra de la pampa los machos se dividen simplemente en dos especies: los intrépidos que alguna vez se han atrevido a gozar de sus favores cinerámicos y los otros.
Y los otros, para esta walkiria exorbitante, para esta hetaira voluminosa, para esta puta garrafal, son esos pobres hombrecitos sin mujer que, apoyados en la esquina de la Avenida Almagro, o en las pilastras del atrio del cine, o en las oxidadas verjas de fierro de la plaza polvorienta, enrollan y desenrollan, interminablemente, en un reseco índice amarillento, la cadenita cagona de sus tristes llaveros de tipos solitarios. Ellos no podrían jamás llegar a meterse en la cama con ella. A la sola contundencia de su aparición en la calle, no atinan sino a escurrirse amilanados como ratas o a bajar hasta el suelo árido sus aguadas miradas de varones sin ánimo. Y son justamente estos "pobres Manuelitos", como les llama ella haciendo referencia a las prácticas masturbatorias, los que tratan de cubrir su falta de hombría repitiendo por lo bajo, medrosos y sin ningún asomo de gracia más encima, esos exagerados cuentos que circulan en torno al tamaño y hondura de la caverna de su sexo encarnado. Que para ocuparse con ella, comentan estos tristes macacos amajamados, habría que tener la prevención de dejar los documentos sobre la mesita de luz, por si acaso se corriera el albur de no regresar de esas geografías llenas de pliegues traicioneros, llanuras gelatinosas y desfiladeros sin fondo. O, en su defecto, acotan hiperbólicos los pacatos, hacerlo sin quitarse los calamorros con punta de fierro para que por lo menos éstos queden a la vista y puedan servir de señal o referencia; a la manera de esos montoncitos de piedras que se dejan en lugares más o menos inasequibles y que quieren decir: "aquí estuve yo".  


Hernán Rivera Letelier.
La Reina Isabel cantaba rancheras.   

lunes, 5 de agosto de 2013

Código del Poeta


Un poeta tiene la obligación de hacer trabajar a su mujer y dejar que se muera de hambre su anciana madre.

Un poeta debe pedirle plata a su sobrino para irse a beber con los amigos en la tarde y descubrir desde los espejos los ojos verdes de los ciegos.

Un poeta jamás debe permitir que el cura le enseñe moralejas a sus hijos, ni religión a sus canarios ni persignarse a sus ahijados entre los geranios de la noche.

Un poeta debe cantar siempre en los caminos de la tarde y recordar con los fruteros de la esquina a los boxeadores olvidados (como gallinitas ciegas) en los bares.

Un poeta debe hacer de su casa el segundo bar, y del bar su segunda casa.

Un poeta debe tener amistad con los gitanos para que le adivinen el destino de su vida, para que jamás las cóleras del cielo se desaten en su tumba y para que en verano las luciérnagas lo salven de las garras oscuras de la muerte.

Un poeta debe tener cuenta abierta en todas las tabernas y jamás permitir que los banqueros desconfíen de su suerte.
  
Un poeta debe exigir a sus hijos que sean futbolistas o cantantes de tango en Europa para que ayuden a sobrevivir a su minusválida familia.

Un poeta, cuando entra a los burdeles, no debe permitir que le transmitan los microbios de la pena ni los bichos del fracaso, para que pueda bailar alegremente con la hermosa caballada.

Un poeta debe ser siempre el rey de las tabernas, el príncipe de la palabra y el amor juvenil de las sirenas.

Un poeta jamás debe llorar cuando una muchacha de ojos de ámbar lo abandona en el silencio de los puentes o en los callejones sombríos de los muelles.

Un poeta debe soñar todas las noches con su amante y fusilar a los enemigos cuando le roban la memoria o el paisaje de los cantos.

Un poeta debe morir sólo después de haber tomado la última cerveza en la mañana o después de haber fundado estrellas y canciones con los niños en la lluvia.

 
Jorge Teillier y Juan Cristóbal 
"La isla del tesoro"

sábado, 3 de agosto de 2013

Palliri

Cacharreando por internet encuentro un interesante blog sobre palabras (http://365palabras.blogspot.com.es/2013/03/palliri.html) y en él la palabra Palliri, desconocida hasta este momento para mí. Pero entonces me acuerdo de la señora que abría piedras, durante largas horas, con un pequeño martillo en una bocamina de Potosí. Y así como en un milagro pongo nombre a uno de esos oficios que nadie debería verse obligado a ejercer.

jueves, 1 de agosto de 2013

Mi librera de guardia

Hay gente que a veces se reivindica a la brava y con un elegante aleteo de papel se volatiliza mientras en un eco dice adiós como quien dice hasta luego.
Y entonces el paisaje, antes tan familiar, se transforma en un inhóspito océano de páginas vagabundas, justo donde debería estar el rastro de sus huellas, el halo de sus silencios y el fulgor de sus ausencias.

lunes, 29 de julio de 2013

Unas palabras para Julia


Fotografía: Valentín Andrés

Julia ha empezado a escribir. No, como lo hace la mayor parte de la gente: una carta por aquí, un mensaje de móvil por allá, la lista de la compra, un examen en la escuela, un recado que se pega en la puerta del frigorífico...

Julia ha empezado a escribir con la imaginación y mirando alrededor. Es decir, con un pie a cada lado del abismo de la hoja en blanco.

Supongo que el cuento que ha escrito y que ha llegado a mis manos no es su primer intento, aunque puede que sí. Pero es que por ese cuento ha recibido un pequeño reconocimiento en forma de premio literario. Yo creo que, en realidad, es igual haber ganado que haber quedado en cualquier otra posición, pero lo importante es que alguien ha leído la historia y ha sabido ver en ella.

Ver es importante. Es lo más importante. Tanto para el que escribe como para el que transita por los vericuetos de la lectura.

Y con esto, en realidad quiero decir que ambas actitudes, la de escribir y la de leer, son igual de necesarias. Jamás existe la una sin la otra.

Aunque, ahora que lo pienso, creo que tampoco hace falta que a ella le haga tal observación, ya que sé que hace tiempo se dejó arrebatar por la fiebre de los libros. El siguiente paso, tal como sucedió a otros, ya lo ha dado. Y lo ha dado bien.

Ahora toca perseverar. Es una cuestión de placer. Disfrutar dando forma a otros mundos y a otras vidas para, en definitiva, situar la propia en su lugar, en el justo término que desee.

Ése es el premio. Y anida en lo más íntimo. Lo demás son cantos de sirena que conducen la nave hasta los acantilados y el desastre. Eso que se llama vanidad y que no sirve para nada.

sábado, 27 de julio de 2013

Dímelo al oído



Lo más probable es que la chica, por mucho que esperase, nunca volviera a ver al marinero o que éste llegara tarde, enredado en alguna ola, en alguna bahía helada buscando el Paso del Noroeste o en algún lupanar de Jamaica. La literatura y la vida, desde Ulises, están llenas de cosas así. Pero esto quién se lo dice al niño que se dormía con el susurro de Fear an Batha en el oído, y que muchos años después, cuando la canción regresó, y la nostalgia podía con nosotros, decía: "tía, esa no me la sé, pero cántamela al oído para ver si me acuerdo".

miércoles, 24 de julio de 2013

Los hermanos de la costa

Caminamos por la costa dejando que el atardecer envuelva el aire. Mayo se recrea sin éxito alguno en las toperas y afortunadamente tampoco advierte la presencia fugaz de dos conejos, que rápidamente se refugian en los matorrales. Sobre una roca contempla el mar una hembra de pardillo, mientras nosotros clavamos nuestros prismáticos en su figura solitaria.
Luego, sentados en la hierba, miramos la línea del horizonte y el paso furtivo y lejano de varias aves que no podemos identificar.
Y también comienzo este dibujo.

martes, 23 de julio de 2013

La Marca Eppaña

¿Esos que reducen el país a una marca comercial serán, acaso, unos vendepatrias?

lunes, 22 de julio de 2013

Pájaros en la cabeza

Recupero ahora un estupendo artículo de J.Ernesto Ayala-Dip que tenía olvidado en un archivo de sombras y que fue publicado en el díario El País el 13 de febrero de 2009. Un hermoso texto para aquellos que aún tienen pájaros (vivos) en la cabeza.

¿Y si fueran los pájaros, estúpido?


Hay gente que no entiende que pueda haber otra interesada por los pájaros. Nadie puede hacerse una idea de la distancia que hay entre los aficionados a la ornitología y los que ignoran que exista esta ciencia. O esta pasión. Y sin embargo, hay personas que no se imaginan su vida sin ella, como tampoco aciertan a explicarse cómo es que durante tanto tiempo les fue tan indistinto un petirrojo que un carbonero común, sombras voladoras sin sentido que se posaban en el alféizar de sus ventanas desafiando su indiferencia. Al amante de los pájaros, leer que "el cambio climático acelera los factores que ponen en riesgo de extinción a 1.226 especies de aves" le dibuja en su mente un escenario imposible de concebir. Nada podría ser más triste que un hábitat sin la llegada o la partida de todos sus pájaros. Ningún aficionado conoce in situ todos los pájaros. Los que sobrevivirán y los que tienen las horas contadas. Y es probable que nunca los atrape a todos con sus prismáticos. Pero sabe que existen. Tiene registrado en su libro mágico -su guía especializada- el vuelo, la silueta, la envergadura y la mancha de sus alas desplegadas, el color de su pico, el tiempo y la ruta de sus migraciones, el color de su plumaje. Tiene incluso grabado sus cantos. Así que la sola posibilidad -nada remota- de que esa palpitante información de la vida se convierta en letra muerta, sume al amante de los pájaros en una lúcida y necesaria melancolía. 

Recuerda el lector de Pájaros de América, la hermosa novela de Mary McCarthy, la inmensa pena de su joven e idealista personaje Peter Levi cuando le comunican que el gran búho real de una reserva que él visita cada año ha muerto? Una mujer que está a su lado, que no entiende una tan repentina aflicción por la desaparición de un simple pájaro, no encuentra un consuelo mejor que decirle casi como un reproche: "No se puede esperar que todo siga siempre igual". Los que aman los pájaros sí quieren que todo siga siempre igual. No es una rutina cualquiera que la naturaleza nos prometa en cada estación o cada continente, en cada migración anual, sobre el mar, entre el ramaje de los árboles, en un humedal o una reserva o en los parques de nuestra ciudad, la especie que necesitamos observar para corroborar que en nuestro amado planeta las cosas siguen su orden, su reloj puntual, su latido crucial. Ya es bastante que la ornitología sea una ciencia descriptiva y no pretenda alterar la biología de los pájaros, nos dice Peter Levi. Ahora sólo faltaría, rogará el aficionado de nuestros días, que no se pretenda hacernos creer que pase lo que pase, pájaro más pájaro menos, la vida sigue igual. Porque si falta una especie de ave, como si falta una especie marina o una lengua, la vida no puede seguir jamás igual. ¿Qué ocurriría si un día no muy lejano dejáramos de escuchar el canto del pinzón vulgar en primavera, circunstancia nada imposible toda vez que esta especie ya mermó su número en Reino Unido desde 1960, coincidiendo con el inicio del uso masivo de insecticidas tóxicos? Sabemos que Aristóteles ya observó el picapinos, pero ¿hasta cuándo podrá nuestra civilización permitir ese casi invisible vuelo ondulado de exhibición que nos regala antes de entregarse a su labor carpintera?

"Hay en la actualidad menos de 350 grullas cantoras salvajes en todo el planeta, y aunque la cifra representa una clara mejora con respecto a la población de 22 que había en 1941, la perspectiva a largo plazo para toda especie con tan pequeña colección de genes es muy sombría". Este diagnóstico pertenece al escritor norteamericano Jonathan Franzen. En Mi problema con los pájaros, artículo autobiográfico que incluye en el volumen Zona fría. Una historia personal, Franzen nos relata su paulatino amor a las aves. Yo recomiendo su lectura fervorosamente. Lo hago porque me parece la mejor descripción no sólo de cómo alguien tan ajeno a los pájaros un milagroso día descubre en ellos un universo de vida inesperado, sino porque precisamente a través de ellos Franzen destripa el mecanismo de los políticos neoliberales para producir no sólo masas paupérrimas de personas sino también masas de pájaros pobres. Como las clases medias y obreras norteamericanas en recientes tiempos de Bush, los pájaros también ven rebajados su dignidad y su nivel de vida. Esta pobreza no es baladí porque se trate de los pájaros. Especies expulsadas de su lugar exacto en el mundo para ir a buscar refugio en una tristísima y humillante adaptación. O desaparecer. Todo un temible síntoma.

"Uno de los aspectos que me gusta de la ornitología es la buena relación que hay entre la comunidad profesional y la de aficionados, mientras que en otras materias se odian a muerte", dice el doctor Josep del Hoyo, uno de los ornitólogos más prestigiosos de Europa. Jonathan Franzen es un aficionado. Quien conoce a uno de ellos, sabe que cuando regresa de alguna excursión hay una sola pregunta que para él tiene sentido: "¿Y? ¿Qué has visto?"

J.Ernesto Ayala-Dip

domingo, 21 de julio de 2013

Dibujos de Viaje (32): El Albaicín.

"Quiero hallar los viejos, borrados caminos".

Entre cármenes blancos y palacios negros,/ paseo de los tristes a orillas del Darro./
Hace tanto que en el agua sólo llegan/ hojas muertas y noticias del silencio.

sábado, 20 de julio de 2013

Viernes por la tarde

Un pequeño claro se abre en la niebla de la rutina y repentinamente nos hallamos en verano. Caminamos por la costa sin mirar demasiado al reloj. Contemplamos, a lo lejos, las islas como gigantes de piedra que duermen. Escuchamos el piar de los zarceros. Nos tumbamos en la hierba y aspiramos el agradable olor de la manzanilla.
Y más tarde, al llegar a casa, sentados en el parque en un Caos Calmo, esperamos con Nani Moretti a que la niña nos salude desde la ventana de la escuela.

miércoles, 17 de julio de 2013

Cuarteto

Yo soy François, lo cual me pesa,
nacido en París, junto a Pontoise,
y de la cuerda de una toesa
sabrá mi cuello que mi culo pesa.


Françoise Villon

lunes, 15 de julio de 2013

Peras llevo, manzanas traigo

... y no she preocupen, que ahora voy a hablarlesh de losh ESHE EME ESHESHS...

domingo, 14 de julio de 2013

Seguimos tirando piedras

Camposolillo (León)

Pasamos la mañana en lo que queda de Camposolillo, un pueblo abandonado víctima del pantano de Vegamián.
Curiosamente a la presa del pantano le pusieron el nombre de Juan Benet, que fue el ingeniero que dirigió la construcción. Ya ven, la literaria Región bajo las aguas (¿quién va a volver?).
Y mientras tanto, nosotros, seguimos tirando piedras (literalmente).