Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

martes, 22 de junio de 2010

El color de la tierra

Fotografía extraída del diario El País

"La noche en que Saramago habló en el Zócalo yo estaba allí"
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Días después de la muerte de José Saramago repaso el pequeño diario de viaje que escribí durante mi periplo por México, y así empieza: "la noche en que Saramago habló en el Zócalo yo estaba allí".
Ya han pasado unos cuantos años desde que una marcha zapatista por el color de la tierra reunió en ese país a tanta gente con unas mismas esperanzas que, partiendo de una lucha por la dignidad de los pueblos indígenas, iba mucho más allá, en busca de una dignidad con mayúsculas.
Este episodio de mi vida está habitualmente presente en mis acciones y en mi forma de pensar, pero esta semana la muerte de José Saramago, y coincidentemente la del intelectual mexicano Carlos Monsiváis al día siguiente, me lo ha vuelto a recordar. A ambos tuve la oportunidad de escucharles (otra vez en el caso del portugués) un día después de la impresionante, multitudinaria y pacífica llegada a la capital de México de la comandancia zapatista, en un acto repleto de intelectuales en la UNAM.
Allí el llorado Manuel Vázquez Montalbán (repaso de nuevo mi diario) dijo que los brigadistas extranjeros habíamos ido a aprender no a enseñar, algo que humildemente suscribía entonces y suscribo ahora, cuando aún escucho en mi memoria los abucheos e insultos que algunos mexicanos (ciertamente los menos, tengo muchísimos más recuerdos de apoyo), alentados por los medios de comunicación de la derecha retrógrada y xenófoba nos lanzaban a nuestro paso por la geografía del país.
A estos tres personajes, ahora desaparecidos, se podrían añadir unos cuantos más que son, en su sabiduría, como una luz que alumbra este terreno repleto de minas en el que nos movemos y que, como señalaba el Sup, permite que los iguales nos reconozcamos.
Sea esto un pequeño homenaje para todos ellos.

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