Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

miércoles, 5 de marzo de 2014

Ulan Bator

Los otros niños gritan: "Mongol".
Pero él se limita a verme.
Intento la más simple
conversación.
No responde. Me dicen:
"Es inútil. No insista usted.
Pobre niño, no aprendió a hablar.
No sabe hacer nada."
Su función en el mundo es mirar, mirarnos
- Incomprensibles, ruidosos, crueles.

Libre de culpa y miedo, es el Inocente.
No hace ninguna 
pregunta sobre el Mal,
el error de ser, 
la infinita pena
de una vida impuesta por el azar
bajo el signo de cromosomas.

Sus verdugos se alejan.
Lo veo abismarse
en su inmovilidad.
Ya no está aquí con nosotros.
Ya cabalga en su estepa libre.
Ya es todopoderoso en el Otro País,
en aquella Mongolia de hierba y nieve
que los demás nunca invadiremos.


José Emilio Pacheco.


Leí este poema hace años en la inauguración de la exposición que organizamos en Torrelavega con los grabados de nuestros amigos, los chavales con Síndrome de Down  de Pinar del Río (Cuba). Aún me sigue emocionando. 

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