Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

sábado, 15 de noviembre de 2014

Enrojecer




El don de enrojecer


Me gustan las mujeres que enrojecen.
Tanto cromática,
poética,
como políticamente.

Para empezar me gustan
porque son la única prueba contundente
de que aún hay vida
en mi huraño corazón.

No es que aborrezca
a las féminas azules,
grises o celestes.
Es simplemente que
en nada se comparan
a las que tienen
el Don de Enrojecer,
que equivale nada menos,
a reinventar cada mañana la utopía,
multiplicar los panes y los sueños
y poner las cosas más calientes…

Tanto romántica, política,
como poéticamente.

Me gustan las mujeres que enrojecen,
pues aquellas hembras
que aún suelen sonrojarse
son la última trinchera que nos queda
en la lucha contra el neo-desamor.

Cuando te tornas, mí bien,
del verdadero color de las estrellas,
quisiera entonces, tantas cosas
y entre ellas…

ser peregrino en tu piel
cuando anochece,
comer tus besos,
uno a uno,
lentamente,
curar tu soledad,
e incluso a veces…
quisiera simplemente
amarte amor
cuando enrojeces.



                                   Martín Echeverría

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