Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

sábado, 29 de noviembre de 2014

Penúltima estación

Con los ojos, la anciana, va midiendo perímetros y esquinas. Bailan nerviosos de un lugar a otro dentro de la desconocida estancia.
A lo lejos, como si fueran de otro mundo, oye las palabras de su hijo:
“Aquí vas a estar bien, te van a cuidar, ya no vas a estar sola, podrás hablar con gente…”
Pero ella, en su nebulosa, continúa desentrañando cancelas imaginarias.
Durante un rato más no dice nada mientras el hombre apura los argumentos.
Hasta que de pronto ella responde con ojos de piedra:
“¿Y cómo dices que se llama este tanatorio?”

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