Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

sábado, 21 de marzo de 2020

Esto no es un diario VII


Hoy me gustaría escribir un buen poema. Uno de esos que te inflaman el corazón. Pero la mañana se ha levantado con niebla y nada se ve. La poesía tampoco.
Es ésta una primavera rara, aunque la anuncian los pájaros. Ayer se hicieron presentes tres milanos en el cielo, sobre la huerta. Y en el jardín aparecieron los chochines. Y seguimos con la mirada, envidiosos, el vuelo sinuoso del buitrón.
Ciertamente, es ésta una primavera rara para los que una vez nos creímos los dueños de la tierra. 

viernes, 20 de marzo de 2020

Esto no es un diario VI


Ayer hablé por teléfono con mi padre. Hacía mucho tiempo que no hablaba con él. Le dije que se cuidara. También comentamos cuestiones relacionadas con la huerta: De tomates, lechugas y esas cosas. Dejamos al margen temas más espinosos. No era cuestión. Para qué vamos a mencionar temas como la monarquía o la familia.
También me puse en contacto con otra gente a la que quiero pero con la que no hablo habitualmente. Era el momento de saber. Saber cómo nos defendemos de un enemigo que utiliza contra nosotros las arteras armas de la amistad y la cercanía. 
No quiero ser un "agonías", pero he comprobado que la actualidad me hace mal. Escuchar las noticias, leer el día a día me llena de angustia. Me voy a la cama con un nudo en la garganta y con la sensación amarga de que el cerco se estrecha. Cada vez comprendo más las bacanales del año 1000 o la vida disipada de los contadores de cuentos del Decamerón.

jueves, 19 de marzo de 2020

Esto no es un diario V


Me despierto y veo un mundo en miniatura sobre mí. Imagino una galaxia de almas flotando en la nebulosa. Las noticias consiguen a ratos ponerme enfermo de miedo y creo advertir conspiraciones por todas las esquinas. ¿Detrás de quienes están luchando, de quienes están resistiendo, habrá alguien que desee que todo sea así? Este vivir al borde, enclaustrados como caracoles, embargada la esperanza y dando golpes monótonos a una cacerola. 

miércoles, 18 de marzo de 2020

Esto no es un diario IV


Ayer fue San Patricio. En otros tiempos era fecha para reunirse con amigos con la excusa de celebrar a Irlanda. San Patricio es probablemente uno de los miembros del santoral más aclamado por aquellos que no creen en los santos.
Nosotros nos tomamos una botellita de cerveza negra que guardaba para la ocasión. También fue el día de los amigos. Todo muy virtual, dado que ahora no hay otra manera. Primero con los Desmemoriados, luego con Fran que me mandó sus escritos, y más tarde con José Gabriel para tomarnos la cervecita mientras me contaba los avatares a lo largo de la historia de la isla de San Simón, a la entrada de la ría de Vigo. Tan interesantes, los avatares, que nos conjuramos para ir allí en  algún momento si todo se normaliza.
Mientras tanto, ¿no se nota una espesura extraña en el aire?

martes, 17 de marzo de 2020

Esto no es un diario III


¿Qué es el optimismo? Anoche flaqueó mi ánimo mientras escuchaba las noticias, el parte, el parte de guerra, que decían nuestros abuelos.
Aquí también hay muertos, según cuentan, y en breve hospitales de campaña. También otras guerras en la lejanía, aunque ahora todo lo que no sea el aquí se desdibuja.
En estos días me acuerdo mucho de Orwell. Menos mal que ninguna bala lo mató en las trincheras de Alcubierre.
¿Qué pasaría por su cabeza para ser tan visionario?
Era tan joven yo en 1984...

lunes, 16 de marzo de 2020

Esto no es un diario II


Llueve mientras caminamos, pero lo raro es el silencio.
Me viene a la cabeza la novela de Cormac McCarthy titulada "La Carretera". Tal vez el apocalipsis no sea una verbena de fuego y explosiones sino más bien una tímida mañana eterna de silencio y ausencias.
Borro pensamientos funestos y regreso a casa para encerrarme voluntariamente. 
Tengo que hacer un trabajo sobre el poeta chileno Jorge Teillier para un encuentro que seguramente está suspendido por cuarentena. Suspendido en la inquietud como yo. 
Pero doy vueltas y vueltas y no sé cómo empezar. Hasta que me encuentro con esto:



Cuando todos se vayan

Cuando todos se vayan a otros planetas
yo quedaré en la ciudad abandonada
bebiendo un último vaso de cerveza,
y luego volveré al pueblo donde siempre regreso
como el borracho a la taberna
y el niño a cabalgar
en el balancín roto.
Y en el pueblo no tendré nada que hacer,
sino echarme luciérnagas a los bolsillos
o caminar a orillas de rieles oxidados
o sentarme en el roído mostrador de un almacén
para hablar con antiguos compañeros de escuela.
Como una araña que recorre
los mismos hilos de su red
caminaré sin prisa por las calles
invadidas de malezas
mirando los palomares 
que se vienen abajo,
hasta llegar a mi casa
donde me encerraré a escuchar 
discos de un cantante de 1930
sin cuidarme jamás de mirar
los caminos infinitos
trazados por los cohetes en el espacio.  

                                                                                            Jorge Teillier

Esto no es un diario



Supongo que habrá mucha gente en estos días que escribirá sus impresiones sobre algo tan inusual,  al modo de Defoe.  Lo titularán “Diario de los días de la peste”.
Escribirán y harán bien, aunque sea para ir restando monotonía al tiempo.
Son las ocho de la mañana, el día recién comienza  y en el tejado suena el rítmico golpear de la lluvia. La lluvia, que es hoy también nuestra carcelera.
Renovaremos estanterías y recolocaremos libros. Y si se abre un claro, caminaremos un rato con Mayo.
Llámenlo como lo llamen, esto se parece demasiado a un arresto domiciliario.

viernes, 13 de marzo de 2020

El fin

No hay cosa que me joda más
que el fin del mundo me pille 
con síndrome de abstinencia.

jueves, 12 de marzo de 2020

Tiempos de vigilia


Son tiempos estos de mudanza y de vigilia, querido Mayo. 
Tiempos de estar solos o en salvaje compañía, 
que es, tal vez, la de estar en paz con nosotros mismos
y en guerra contra la histeria.

Caminemos, Mayo, por buena senda
 y veamos
qué nos depara el viento.

lunes, 9 de marzo de 2020

Mayo del Vietcong


Ya va para doce años que llegó y a ambos en este tiempo se nos ha quedado la barba blanca. Hoy sigue gustando de remojarse en charcos, manglares y marismas, pero ya no realiza extensas expediciones exploratorias como antaño. Duerme más, pero sueña como entonces.

martes, 3 de marzo de 2020

Entrevista en Mar de Fueguitos

En mi reciente visita a Bilbao para presentar "La madera que arde", me entrevistan en la radio para un programa que se llama "Mar de Fueguitos". Título que es un hermoso homenaje a Eduardo Galeano y, por ende, al movimiento zapatista. Puede escucharse mi intervención en el siguiente enlace:

https://mardefueguitos.info/2020/03/03/mariano-calvo-haya-poesia-que-queda-del-fuego-sin-renunciar-a-la-belleza-del-mundo/ 

Escuchándolo es posible comprobar que el mundo de las ondas me queda un poco grande. ¡Qué le vamos a hacer!

jueves, 27 de febrero de 2020

El huevo y la gallina

a veces preferimos creer en la locura o en la ruindad de una persona, de un hitler, de un videla, de un salazar, para conseguir acoger en nuestras entrañas las atrocidades de las que somos víctimas o testigos. otras veces pensamos que es la disposición del sistema social o político, autoritaria, militarizada, patriarcalizada, la que nos agrede de manera perversamente organizada.
en realidad ambas se complementan, un sistema pernicioso hace emerger de las simas de la tierra la ruindad de aquellas personas dispuestas a vivir indignas. no hay violencia sin agresor deshumanizado.

no hay mafia sin sicarios.


Dicen
Susana Sánchez Arins
De Conatus
Colección ¿Qué nos contamos hoy? 

domingo, 23 de febrero de 2020

Profundidad de campo

    Fotografía: Valentín Andrés.


Y hete aquí que miro la cámara a la luz de la linterna frontal. Manipulo el ISO, modifico la apertura, gradúo la distancia focal... Y cuando voy a comprobar la escena a través del objetivo, ellos, los cíclopes, salidos de la profundidad y de las tinieblas, me observan expectantes con su único y resplandeciente ojo. 

viernes, 21 de febrero de 2020

Los días del pasado


Al principio de la película "Los días del pasado" de Mario Camus aparece una cita que no recuerdo textualmente.Tampoco al autor de la misma. Pero viene a decir algo así como "quién contará los días del pasado".
En estos días ha parado en casa el escritor Alfons Cervera, que siempre ha tenido una especial querencia a esta película y nos pidió que le acompañáramos a los lugares en los que se rodó. Y a eso nos dedicamos nada más poner el pie en esta Cantabria de nuestros pecados.
Porque si alguien cuenta como nadie los días huidos, ése es él. Capaz de admirar las cosas pequeñas, los vestigios que no brillan con el poder ni con la prepotencia, las palabras sencillas que caen bien hondo como una piedra en el pozo donde se guardan los sedimentos más dignos y más preciados.
Y aquí está, en la escuela donde Marisol, quizá sin saberlo, vencía en la película, con las armas de la decencia, a la tristeza y a la tenaza de un país fascista empeñado en educarnos como a esclavos.
Seguro que en algún momento, más temprano que tarde, Alfons nos contará. Del mismo modo que nosotros contamos en nuestra alforja de los días hermosos con él. 
Que ya lo sabe.

martes, 11 de febrero de 2020

Poesía artificial

Mientras regreso a casa tras caminar 5 kilómetros escucho en la radio la entrevista a un traductor. Hablan de la dificultad de traducir poesía y añaden que es necesario un profundo conocimiento por parte del especialista de ambas lenguas, la de origen y la de destino. 
A continuación señalan los importantes avances que la tecnología ha realizado en materia de máquinas traductoras y luego un locutor de voz profunda, temperada y hermosa recita un poema que ha fabricado una de estas máquinas. Dicen que es un ejemplo de poesía artificial y habla de amaneceres y silencios, de tardes junto al fuego y de lluvia golpeando en los cristales...  O algo así.
Pero, en realidad no dice nada. Nada de nada.
Y me da por pensar en poetas y automatismos que, elevándose en vanidades, danzan todos los días a mi alrededor.  

jueves, 6 de febrero de 2020

Retrato de un mi abuelo


La imagen puede llamar a engaño. Supongo que solamente fue ciclista en los traslados entre faena y faena, cuando los automóviles eran una quimera para los pobres, pero en realidad fue carpintero. Siendo niño aún tuve oportunidad de contemplar sus herramientas. No sé qué habrá sido de ellas.
Nació en el Valle de Soba cuando al siglo XIX le quedaban unos pocos estertores. Allí debe quedar una piedra grabada en un camino con sus iniciales en letra barroca. Por lo que sé, luego se estableció en la ciudad de Cienfuegos y se casó con la abuela. De Cuba me mandaron hace años la partida de su boda. Ellos volvieron antes, como volvían muchos. Nunca construyeron una casona ni plantaron una palmera.
Yo lo conocí cuando ya era un anciano con su boina y su bigote blanco, siempre sentado en una sala oscura y los pies junto al brasero.
De él me queda ese recuerdo, su silencio y unos cuantos libros. 

martes, 4 de febrero de 2020

Cocinar un oso

"Puedo desaparecer en cualquier momento. Así es el caminante. Ahora estoy aquí y al instante siguiente allí. Me pongo de pie, agarro el morral y echo a andar. Sin más. Cuando eres pobre, puedes vivir así. Llevo encima todo lo que poseo. La ropa que cubre mi cuerpo, el cuchillo que cuelga del cinturón. El yesquero y el guksi, la cuchara de cuerno de reno, la bolsa con sal. Mis cosas apenas pesan. Soy ligero y de pies rápidos, antes de que me echen de menos ya me encuentro en otro valle. Sin dejar rastro. No más que el que deja un animal. La hierba y el musgo que piso vuelven a levantarse al poco tiempo, y cuando enciendo fuego me valgo de lugares que ya se han usado, para que mis cenizas se sobrepongan a las de otros y así se vuelvan invisibles. Hago de vientre en el bosque, levanto un terrón y después lo devuelvo a su sitio. El próximo caminante puede apoyar el pie justo encima sin advertir nada, solo el zorro es capaz de intuir un débil olor humano. En invierno mis esquíes abren pistas sobre el suave cielo de la nieve, avanzo volando a un par de palmos de la superficie y con la llegada de la primavera cualquier rastro de mis bastones se derrite y desaparece. El hombre puede vivir así, sin devastar ni dividir. Sin existir en realidad. Solo siendo como el bosque, como el follaje del verano y la hojarasca otoñal, como la nieve del invierno y los innumerables brotes que se abren con el sol primaveral. Y luego, cuando uno al final desaparece, es como si nunca hubiera pisado la tierra".


Mikael Niemi.
Cocinar un oso.
Seix Barral.    

domingo, 2 de febrero de 2020

Contrapunteando


Cuando alguien te invita, junto a otros colectivos, a participar en unas jornadas sobre cualquier tema, pero más aún sobre algo tan sensible como la memoria histórica, en la que, dadas las circunstancias del país, es más que necesario tejer redes y poner en común experiencias que permitan salir de la orfandad, no se puede cometer la desconsideración (o algo más) de dejarte fuera de las conversaciones que se suscitan después de las conferencias o las mesas redondas. Todo el mundo sabe que es ahí, en el tercer tiempo, que diría un aficionado al rugby, ya libres de la presión de lo formal, cuando es más fácil establecer vínculos en pos de un trabajo bien hecho.
El hecho de ser los invitados locales no es excusa, salvo que existan otras razones eminentemente oscuras. Tampoco es desatención del protocolo porque no te guste ser protocolario. Es otra cosa.
Y sobre todo, sobre todo, es muy, muy cutre.

miércoles, 29 de enero de 2020

Al calor de la fragua

Hoy se publica en Ileón esta entrevista que me hizo Manuel Cuenya. Muchas gracias.

La fragua literaria leonesa: Mariano Calvo Haya

LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Mariano Calvo Haya: "Miraba las imágenes y los dibujos incluso antes de aprender a leer e inventaba mis propias historias"

El narrador, poeta y fotógrafo Mariano Calvo Haya, autor de 'La madera que arde', editado por el sello leonés Eolas, tiene en mente escribir algún trabajo de investigación relacionado con su actividad actual en una asociación de memoria colectiva e histórica en Cantabria que se llama 'Desmemoriados'.

Mariano Calvo Haya
Mariano Calvo Haya
Manuel Cuenya | 29/01/2020 - 11:11h.
Si bien es originario de Cantabria, el escritor Mariano Calvo Haya visitó por primera vez, con veintitrés años, el pueblo de su compañera, "hija de emigrantes leoneses en Santander", y desde entonces está enamorado de La Mata de la Bérbula (La Matica), que es también tierra del escritor Julio Llamazares, al que Mariano conoce personalmente y a quien ha leído. A este respecto, cree que el "río del olvido... el solitario y verde río que atraviesa en vertical el corazón de la montaña leonesa" es un nombre más que acertado, con su "inevitable aire literario", que el autor de 'Las rosas del sur' diera al Curueño.
"Me he perdido en sus orillas en una inmensidad de ocasiones. Es medicina para el alma. Parece una tontería, pero muchas veces cuando piensas en la muerte, es el paisaje que odiarías abandonar... 'El río del olvido' se convirtió en un documento de incalculable valor para conocer la comarca de León que yo visitaba ya por entonces asiduamente", señala Mariano, cuya primera impresión de La Matica fue la de un lugar conocido y reconocible.

La entrevista completa aquí: 
https://www.ileon.com/cultura/104866/mariano-calvo-haya-miraba-las-imagenes-y-los-dibujos-incluso-antes-de-aprender-a-leer-e-inventaba-mis-propias-historias

lunes, 27 de enero de 2020

Poema de Oswiecim



Me pregunto si
en el último instante
su mirada fue como un muro de ladrillo
topando contra el aire impenetrable.
Me pregunto si alcanzó a sentir
el fantasmal rumor de los pasos en formación
de una triste e invisible caravana de espectros.
Si escuchó una música de muertos.
Y mientras respiro angustia de acero,
piedras y vidrios rotos
en este tiempo de paz fingida,
aún no sé si nosotros miramos hoy,
de igual manera,
con los mismos secos ojos,
cómplices también
del frío ajeno de la Historia,
la larga calle de Auschwitz
desde el patíbulo donde Rudolf Hoess,
comandante de campo,
rindió a la humanidad
su postrero y único servicio.


Mariano Calvo Haya
La madera que arde
Eolas Ediciones