Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

miércoles, 7 de mayo de 2014

Pájaros en la Isla del Tesoro

En mi opinión, habíamos entrado en un universo de maravillas. Entre las gaviotas argénteas y las sombrías gaviotas que aparecían esporádicamente sobre nuestras cabezas, y que ya conocíamos de casa,, empecé a ver especies más extraordinarias de pájaros, que sólo conocía por haberlas visto en los libros. Una vez, un albatros voló a nuestro lado durante varias horas, se posó en la borda y luego se mantuvo a nuestra altura con pocos y fáciles aleteos de sus enormes alas; al recordar la historia de que esos pájaros son las almas de marineros que se han ahogado, lo miramos con un respeto melancólico, y casi nos alivió que se alejara. Otros días aparecieron variedades maravillosas de charranes, algunas muy pequeñas y veloces, otras inmensas como alcatraces. Cada vez más veía pájaros cuyos nombres no conocía: uno de ellos (de un blanco inmaculado con el pecho moteado como un zorzal) tenía la extraña costumbre de volar con sus largas patas verdes suspendidas detrás del cuerpo, de manera que, cuando pasaba por encima de la cubierta del Nightingale, algunos marineros saltaban e intentaban cogerlas, diciendo que se lo zamparían muy pronto.

Regreso a la Isla del Tesoro.
Andrew Motion.
Tusquets Editores.

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