Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

domingo, 25 de mayo de 2014

Perder


En el año 1974 un chaval de 13 años recién cumplidos comienza a aprender a qué sabe la derrota, la decepción del último minuto, cuando un gigante alemán lanza un zapatazo que se cuela sin remisión en la portería del equipo con el que simpatiza.
Cuarenta años más tarde la historia se repite y aunque el gol en contra llega con la misma demora cruel, el chaval ya no tiene la misma edad y ha recibido demasiados tantos en su marco.
La noche se cierra mientras se abren las puertas de las urnas del día siguiente.Y ya con 53 años el hombre ha dejado de dolerse con tonterías porque sabe que hay otros lugares en los que resulta más jodido perder.

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