Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

domingo, 31 de agosto de 2014

Escalofrío

Conduces en la noche. La vista alcanza hasta donde llega la luz de los focos. Miras al espejo retrovisor y compruebas que por el momento no estás solo en una solitaria carretera. El automóvil que te precede está comenzando la maniobra de adelantamiento. Miras hacia adelante y en ese momento ves, con alarma, que dos perros, uno grande y otro más pequeño y lanudo, se cruzan ante las ruedas de tu vehículo. Frenas despacio para que tengan el margen suficiente de escapada. El perro pequeño retrocede, pero el grande de caza avanza desorientado hacia la otra orilla de la calzada.
Entonces, en décimas de segundo, recuerdas que hay un coche paralelo a tí, que te está adelantando, y que no ha podido ver a los animales, y al mismo tiempo escuchas un sonido sordo, grave, como de alguien que golpea contra un saco. Y el escalofrío te recorre el cuerpo, como si con la desgracia del perro te adentraras, indefenso, en la más profunda oscuridad.

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