Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

jueves, 2 de julio de 2015

La gallina ciega



-Ya sé que no has venido a eso. Pero, si tuvieras que contestar a esta pregunta: "¿Por qué perdisteis la guerra?", ¿qué contestarías?
-Primero, por Inglaterra.
-¿Y luego?
-Por la CNT.
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La terrible soledad del intelectual liberal español que se quedó aquí en 1939 o regresó años más tarde (los que sean) a querer trabajar. Si rico y desengañado: en su piso o finca, callado, inmóvil, ignorante; si no, trabajando en lo que no le interesa o echado a punta de pistola (como Bergamín). No hablo del político que vino a jugarse el físico y de eso vive como vivió, clandestino de sí mismo, sino del triste encerrado en su piso, a lo sumo con su mujer; en el mejor de los casos, con sus libros, releyendo, tomando el sol, refugiado por partida doble: el que no soportó el país que le tocó ni es soportado por el suyo, a su regreso. Se queda en casa, viviendo lo que fue, viéndose como en aquel tiempo, imposibilitado para el futuro como lo está para el presente.
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Cuentan cómo al pasar por Úbeda preguntaron al sacristán que les guiaba, en la iglesia, dónde y cómo murió San Juan de la Cruz.
El joven, sin titubeo, al instante contesta:
-Lo fusilaron los rojos.
Inconcebiblemente, reimos.



La gallina ciega. 
Max Aub.

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