Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

lunes, 7 de diciembre de 2015

El combate del siglo

Me asomo a los prolegómenos del combate del siglo en una de las cadenas asociadas que lo emiten, y veo con incredulidad un graderío ocupado por fans, con pancartas que representan a cada uno de los cuatro equipos en liza (me pregunto ahora si fans proviene de fanáticos, porque gritan y jalean como si lo fueran). A su alrededor un grupo de supuestos periodistas con alcachofa va calentando el ambiente para lo que se avecina.
Y no sé muy bien si me encuentro ante una “fainal for” o ante “cesta y puntos”, que era un concurso que enfrentaba, cuando yo era crío, a sabios pitagorines ataviados con chándal, de los diversos colegios (religiosos mayormente) que en la franquista España había (y sigue habiendo).
El caso es que una cosa tan seria como la política de este país (seria porque nos jugamos bastante más que un triunfo deportivo) se ve reducida por mor de las audiencias a un triste espectáculo televisivo más propio del músculo que del cerebro.
Y ya ven, me causa sonrojo que el candidato del partido gobernante se refugie en una reserva en lugar de afrontar su destino. Y me pone enfermo que esté obligadamente ausente el único candidato de la izquierda real, que a mi juicio le daría calado y su verdadera dimensión a lo que de otro modo parece de una vulgaridad aplastante. Pero sobre todo me desconsuela  que Podemos, en su deriva, se preste a esta pantomima creada para vender anuncios.
Y es que el combate del siglo ya se produjo, que yo sepa, entre Mohamed Alí y Joe Frazier a principios de los setenta. No ha habido otro. Lo demás son imitaciones.

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