Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

martes, 1 de diciembre de 2015

Oeste



Visito en el Museo Thyssen de Madrid una exposición sobre los indios norteamericanos. Me impresionan los óleos que muestran las grandes llanuras y las enormes montañas. Paso de largo, apenado, frente a la cabeza disecada de un bisonte. Me detengo, durante un rato, en los rostros duros y marcados que aparecen en los retratos. Hay ojos de carbón y de fuego.
Recuerdo todo el tiempo que un presidente norteamericano, ante la firma de un tratado con ellos, declaró con lengua de serpiente que sus tierras serían de los pueblos indios "mientras crezca la hierba y fluyan los ríos". También recuerdo el libro que leí sobre sus derrotas: "Enterrad mi corazón en Wonded Knee".

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