Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

lunes, 20 de agosto de 2012

La Semana Fantástica

PREMIO NÓBEL

En un bar de Madrid
la prostituta polaca
se dispone a enseñarnos el lugar
donde nació Szymborska.

Abre el cajón que está bajo la barra, 
desdobla poco a poco un mapa,
lo extiende ante nosotros
con memoria infinita
y señala de pronto un punto negro
que nos hace temblar.

Suspira luego muy hondo
desde el filo de sus uñas metálicas

y comienza a doblarlo nuevamente
sin conseguirlo nunca.

Se le ha caído un río 
sobre la falda,
se le alza en los pliegues de la blusa
la montaña del hambre,
y le cruza
de ciudad a ciudad, de pecho a espalda,
la oscura carretera de una noche
que no viene en los mapas.

Dice después que somos los primeros
en hablarle ese día de algo amable

y nos quedamos mudos
y extraviados

sin saber qué decir mientras doblamos
poco a poco el deseo 
que nos llevó hasta ella
y regresamos luego al frío de la calle
con nuestro amor de siempre, 

el cuerpo de la nada

donde los poetas emergen
desvalidos e inmensos como bloques
de viviendas pobres

cada vez que alguien nombra el esqueleto
de su ropa tendida.

Esta barriada al sur
que no es hermosa, 
pero es quizá el lugar donde esta noche
también nació Szymborska,

donde anónima y muda la poesía 
que no viene en los libros
aparece de pronto tras la barra
de una historia cualquiera,

en cualquier parte.


Fernando Beltrán.
La Semana Fantástica.      

3 comentarios:

  1. *Se le ha caído un río *
    *sobre la falda,*
    *se le alza en los pliegues de la blusa*
    *la montaña del hambre,*
    *y le cruza*
    *de ciudad a ciudad, de pecho a espalda,*
    *la oscura carretera de una noche*
    *que no viene en los mapas.*

    Impresionante...

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  2. Pues anda que...:

    "el cuerpo de la nada

    donde los poetas emergen
    desvalidos e inmensos como bloques
    de viviendas pobres

    cada vez que alguien nombra el esqueleto
    de su ropa tendida."

    ¡Cuántas musas serán capaces de inspirar eso! O cuantos poetas son capaces de avalar así el trabajo de su musa...

    Orilla

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  3. Pues tiene más. Y así..., como sin esfuerzo.

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