Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Concertinas

Busco en el diccionario de la R.A.E. la palabra concertina y solamente encuentro una acepción: Acordeón de forma hexagonal u octogonal, de fuelle muy largo y teclados cantantes en ambas caras o cubiertas.
O sea, un instrumento músical.
Esto viene a cuento porque anoche escuché al ministro del interior justificar el uso de un peculiar alambre de espinos al que llaman así para blindar el sur de este país. Supongo que en el norte pondrán las concertinas de verdad para recibir a los turistas.
El caso es que el ministro daba vueltas y vueltas al argumento de la pasividad de las concertinas de espino, como seres inanimados que son (lógicamente), para cargar la responsabilidad de sus lesiones a los propios aspirantes a inmigrantes. Y además se jactaba de la inocencia de dicha barrera afirmando que estaba comprobado que solamente producía ligeros rasguños (dado lo cual es de suponer que el ministro no debería tener inconveniente en probar su medicina, cual Fraga redivivo en Palomares).
Finalmente el ministro, en sus declaraciones, se ponía chulo y retador para aclarar que nadie les iba a dar a ellos lecciones en materia de Derechos Humanos.
Claro que si su concepción de las concertinas es radicalmente diferente a las reales y musicales concertinas, ¿por qué no iba a ocurrir lo mismo con su visión de los Derechos Humanos?     
¿O es que tal como decía Benedetti en realidad deberíamos hablar de Izquierdos? 

1 comentario:

Anónimo dijo...

"Si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol.Gabriel García Márquez".
Desesperación , cuanta desesperación ¡¡¡¡¡¡¡¡¡
Raquel