Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

miércoles, 26 de agosto de 2015

En la cumbre

   URNWA

Cincuenta refugiados muertos por asfixia en la bodega de un barco negrero. El resto es recibido en la frontera de Macedonia con gases lacrimógenos, con el objeto de que se disperse la turba a los cuatro vientos. Los que toman el camino hacia la frontera serbia nuevamente son dispersados con gases lacrimógenos. Los que quedan se encuentran con un muro en la frontera de Hungría. Los que fueron hacia Inglaterra son frenados en Francia para que no se adentren en el túnel que cruza el Canal de la Mancha.
Los que eligen otros caminos acaban remansados en diversos campos de concentración en Italia, en Grecia y en España. Muchos alemanes se niegan a soportar más invasiones.
Y mientras tanto, muertos y muertos y muertos.
Las autoridades comunitarias deciden, obligadas por las circunstancias,  reunirse en una cumbre para tratar una nueva (¿nueva?) crisis humanitaria. Los insignes dignatarios, en tan alta cima, no acaban asfixiados pero perecen por congelación.

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