Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

martes, 15 de noviembre de 2016

Romper el hielo


La verdad es que esto no me puede estar pasando. En todo caso debe ser un episodio salido de la mente burbujeante de Julio Verne. Solamente veo sobre mí a una gaviota tridáctila que cruza, ajena, un cielo esplendorosamente azul entre dos paredes de hielo amenazante, mientras recojo los diversos objetos que han saltado de mi mochila con la caída. En la superficie, cuatro o cinco metros más arriba, acierto a distinguir también un perro que ladra, dos rostros asustados a los que, curiosamente, tengo que tranquilizar y el cabo de una soga a la que, aún estupefacto y dolorido, me agarro con urgencia para no mudarme en un mustio retrato congelado.

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