Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

lunes, 10 de octubre de 2011

Pero no te olvides de mí.

Y aunque nos vayamos con el mínimo equipaje siempre nos dejaremos un sueño por el camino.
Y con suerte, muchas sonrisas y una lágrima.
O un viento volandero bajo los pies, que tal vez nos lleve al infinito.
Y al partir veremos alejarse los arrecifes, la oscura costa de nuestra infancia.
Y sabremos después que tras Isla Decepción se encuentra el Cabo de Buena Esperanza, desde el que, sin duda, se llega también a otras islas y a otras costas.
Y de derrota en derrota, en el horizonte advertiremos por fin la luz de un faro que aguarda.
Entonces será la hora del regreso. Porque todo viaje se inicia para volver a casa un día.




MCH

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