Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

domingo, 26 de enero de 2014

Las cuatro y diez

 -Esta noche te llevaré a un local [...] Creo que ahí verás el Chile que quieres o que esperabas encontrar.
-¿Qué Chile crees que...?
-El Chile anti Pinochet, alzado contra la injusticia, libertario, de izquierdas, popular.
-¿Existe realmente?
-Oh sí [...]

El local se llamaba Cuatro & Diez y su nombre era un homenaje a Luis Eduardo Aute y a su canción. Los tapetitos de papel de colores rezaban: "Date prisa que ya son las...Cuatro & Diez". Natalia había insistido en que fuéramos temprano para poder sentarnos a una de las pequeñísimas mesas de la parte del escenario. Y lo conseguimos. Ocupamos una junto a la pared y la ventana que daba a la calle Antonia López de Bello. Una calle ruidosa, animada, llena de pequeños bares y locales como aquel, con música en vivo.
-¿Qué tal? -me preguntó ella.
Supe a qué se refería. El escenario era diminuto, con capacidad, como máximo para dos personas apretadas. Allí no había conciertos de rock. Allí era el marco idóneo para un cantautor armado tan sólo de su guitarra y su voz. Y me bastaba con ver la "decoración" para saber qué clase de cantautores podían desfilar por allí. Por encima destacaba una bandera del FSLN nicaragüense, el Frente Sandinista de Liberación Nacional, roja y negra. En la parte de la derecha un póster de Víctor Jara con su inconfundible sonrisa y la guitarra en las manos. En la parte de la izquierda otro mucho más grande, del Che, de cuerpo entero. En medio destacaba el anagrama del club flanqueado por las imágenes grandes de dos mujeres de espaldas, una en bragas y otra con el trasero al aire. La gente también era característica, cabello  largo, barbas, vestimentas informales.
Se me erizó el vello.
Para mí era como volver por el túnel del tiempo a la España de 1975 a 1978, más o menos.
-Mágico -fue lo único que se me ocurrió decirle.
-Pues espera y verás.

                                                                               Jordi Sierra i Fabra.
                                                                               El peso del silencio.
                                                          

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Y hay un santiago máschulo aún. Un díade estos te lo escribo. O mejor todavía, te lo enseño.
Abrazos fuertes.
H.

MCH dijo...

Cualquier día allí me planto.