Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

miércoles, 25 de agosto de 2010

El Escarabajo

"A aquel albañil veneciano aún no salido de la adolescencia, le adeudo el haber conocido prácticamente y hasta como colaborador, las alegrías que proceden del solitario placer (un poco tarde, si se tiene en cuenta mi edad avanzada). Las obtenía el jovenzuelo en el recogimiento de un jergón compartido de noche con tres hermanos, y la sensación resultante debía ser excelente, a juzgar por los dulces ayes que refrendaban su goce. Lo curioso es que, como pude observar, cada uno de sus hermanos aliviaba de igual forma, a otras horas, en la misma noche, las ansiedades de su sexo, esforzándose por ocultarlo ante sus inmediatos consanguíneos. En consecuencia, durante las siete veladas que con ellos pasé, comprobé que los jadeos, las tiernas quejas y el crujir de dientes que en el jergón se sucedían, no brotaban, como al principio ingenuamente creí, de los inquietos sueños de sus desnudos productores sino, contrariamente, de su deleite manejado y aislado, y me pareció absurdo que por timidez, dada una intimidad tan estrecha, se tomaran el trabajo de esconderse sus satisfacciones respectivas, sin duda en desmedro de su dicha total; pero si se contentaban así, ni me corresponde criticarlos, ni podía facilitarles un consejo, siendo yo, por mi constitución, lego en la materia".

El Escarabajo.
Manuel Mújica Láinez

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