Julio Llamazares.
El río del ovido.
Cuatro mirlos acuáticos, cuatro, en muy poco tiempo y en este lugar, en la atardecida del Curueño. Y pensar que estuve buscando al mirlo en toda Escocia y no hubo manera. ¿O es que tal vez era un mirlo blanco?
¡Cuan importante es la confianza... y jugar en casa!
Lo malo de esta afición vuestra es que, cuanto más la desarrollas, más y más pájaros tienes en la cabeza.
ResponderEliminarOye chaval, este comentario tuyo hubiera merecido un mayor desarrollo o, al menos, una mejor ubicación como microrrelato.
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